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Señora Lidia Flores

Presidenta de ANFASEP;

 

Señora Angélica Mendoza

Presidenta Honoraria de ANFASEP;

 

Señoras Madres, señoras y señores Familiares de las Víctimas, Jóvenes integrantes de ANFASEP:

 

Queridas madres y familiares:

 

Razones de fuerza mayor me impiden estar hoy, con ustedes, en la conmemoración de los 25 años de ANFASEP. Aunque ya en los días anteriores de esta semana de actividades estuvo presente, en nuestra representación, el doctor Víctor Álvarez, hubiera significado mucho para mí poder acompañarles personalmente en esta fecha culminante. Las circunstancias no lo han permitido. Esta carta, sin embargo, quiere de algún modo compensar esta involuntaria ausencia física, que no moral, pues en nuestro corazón las madres de ANFASEP ocupan desde hace mucho un lugar ganado para siempre.

 

Quiero expresar enfáticamente la plena identificación de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos con la causa que defiende ANFASEP desde su fundación, y nuestra admiración por la valentía y la perseverancia demostrada en ese propósito. Efectivamente, ANFASEP es una de las instituciones más antiguas de defensa de los derechos humanos en nuestro país y, como tal, participó en la fundación de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Por otra parte, es la primera y la más antigua de las organizaciones de familiares y víctimas de la violencia, constituida y activa desde su inicio en la zona más afectada por la violencia, Ayacucho, donde actuar en defensa de los derechos humanos implicaba un riesgo personal real y cotidiano.

 

Todos recordamos a las señoras humildes que en 1983 empezaron esta lucha. Era la época de los atentados de Sendero Luminoso y de la jefatura político militar del general Clemente Noel, bajo cuyo mando empezaron las desapariciones forzadas en la zona de emergencia de Ayacucho. Era el inicio de una práctica lesiva a los derechos humanos, la desaparición forzada, que constituye uno de los crímenes mayores de lesa humanidad. En el clima de inseguridad e intimidación que se creó con esta práctica, el aparato institucional de la administración de justicia dejó de funcionar en la zona de emergencia para la protección de los derechos fundamentales. Y fue así que ni el Poder Judicial ni el Ministerio Público estuvieron a la altura de su misión tutelar de la ley, y los tímidos intentos de algunos de sus funcionarios menores resultaron infructuosos ante la falta de respaldo de sus superiores jerárquicos y la prepotencia de una jefatura político militar que no rendía cuentas a la autoridad civil.

 

En ese clima enrarecido, cuando eran muy pocos los que se atrevían a denunciar la situación de los derechos humanos en la zona de emergencia, un grupo de madres encabezadas por la madre Angélica Mendoza empezó la lucha en reclamo de la vida de sus hijos detenidos-desaparecidos. Y entonces las vimos en las oficinas de la fiscalía de Ayacucho, presentando denuncia tras denuncia, sin desalentarse ante la inefectividad de los fiscales; las vimos en las puertas del cuartel Los Cabitos y de muchos otros cuarteles y bases militares, pugnando por una respuesta a su desesperada indagación, venciendo siempre el temor a las amenazas de muerte; las vimos recorriendo las quebradas más apartadas, en busca de los restos amados de sus hijos, para rendirles el testimonio de su piedad maternal. Y todo eso lo hicieron básicamente solas, sin apoyo ni protección de nadie, superando las barreras de la pobreza, la discriminación o el idioma.

 

Queridas madres:

 

En este 25 aniversario de ANFASEP, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos les renueva su apoyo y les rinde testimonio de admiración y cariño en homenaje a su lucha ejemplar.

 

Porque ustedes no sólo han luchado por sus hijos desaparecidos. Ustedes nos han dado a todos una lección de amor y entereza, de coraje y perseverancia. Sin saber castellano, ustedes se hicieron oír. Sin saber leer y escribir, ustedes fueron sabias. Siendo las más frágiles, fueron las más valerosas.

 

Para todas ustedes, y para todos los integrantes de ANFASEP, nuestro abrazo comprometido y afectuoso.

 

Ronald Gamarra

Secretario Ejecutivo

Coordinadora Nacional de Derechos Humanos