El tren… fantasma

Publicado el 12 septiembre 2008 por en General

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Marisa Glave Remy (*)

Muchos son los proyectos truncos en los que nos embarcaron los padres de la patria, dejando inconclusos sueños y frustrando expectativas. Tal vez el más frustrante para las y los limeños sea el tan ansiado tren eléctrico, cuyos pilares “adornan” varias avenidas principales de la ciudad de Lima e, incluso, cortan en dos uno de sus distritos más populosos, Villa María del Triunfo.

Denuncias de corrupción, alteración de costos y evidente ineficiencia en su construcción parecían sepultar el proyecto a finales de los 80, como colofón del primer gobierno de Alan García Pérez. Pero como fantasmas o almas en pena, ambos, Alan García y el tren, vuelven al mundo de los vivos y pretenden solucionar sus temas pendientes para “lavar” cualquier mancha del pasado.

Tanto la infraestructura existente como el material rodante (vagones y algunos rieles) costaron cerca de 300 millones de dólares, a lo cual hay que sumar los gastos de mantenimiento para que no se malogre lo existente, es decir, un costo de aproximadamente 16 millones de soles al año. Hechos estos gastos, Alan García sostiene que este tren no se puso en funcionamiento por la mezquindad de los gobernantes que lo sucedieron y que él, en vista de su retorno al poder, lo pondrá en marcha. Para esto se ha iniciado un conjunto de negociaciones entre PROINVERSION, la Municipalidad Metropolitana de Lima (dueña del tren por transferencia del Estado Central hace muchos años) y algunos consorcios privados.

El resultado de estas negociaciones ha sido el siguiente: la MML recibe el Parque de las Leyendas, PROINVERSION obtiene carta blanca para elaborar las bases de licitación del tren y buscar postores, y los futuros concesionarios recibirán un soporte del Estado que garantiza el mínimo de riesgos. Todo esto en nombre de la dignidad de los peruanos (pese a que el tren beneficia sólo a un sector de limeños), de aumentar nuestro amor propio y fortalecer una identidad del tipo “sí se puede”.

Si alguien se ha preguntado qué es lo que estaríamos dispuestos a dar para que el proyecto finalmente (más de 20 años después) se concrete, la respuesta es la siguiente: además de los 300 millones de dólares ya invertidos, se piensa aportar sin expectativa de retorno (es decir que ese dinero no se recuperará de ninguna manera, con lo que se convierte en un gasto y no en una inversión) más de 300 millones de dólares adicionales. El Estado, según las bases aprobadas, invertirá, por un lado, 220 millones de dólares en infraestructura adicional para el tren. Por otro lado, transferirá a la Municipalidad 87 millones de dólares para que genere un Fondo de Garantía de la Inversión Privada (FONGAPRI) que compensará a la empresa privada si es que no se garantizan 300 mil pasajeros al día en el tren por los próximos 30 años. 

Esta promesa de “usuarios” no es tan cierta. El estudio de factibilidad del proyecto señala que, por el tipo de transporte que tiene Lima (más de 500 líneas autorizadas), es poco probable que se logre un mínimo de 300 mil pasajeros al día y mucho menos si el costo del pasaje no es subsidiado parcialmente. Esta es la razón por la cual los inversionistas exigen un fondo de garantía.

En suma, el tren eléctrico no soluciona el problema del transporte en Lima. La línea 1, que va de Villa el Salvador a la avenida Grau, se convertirá en una suerte de alimentadora o línea paralela del verdadero proyecto de reforma del transporte público: El Metropolitano. El costo aproximado del corredor que une Chorrillos con Comas es de 130 millones de dólares, incluyendo la estación central. ¿Cómo es posible entonces que la comuna limeña permita un gasto adicional de 300 millones de dólares del Estado en el tren eléctrico, cuando con ese presupuesto se podrían construir dos corredores más del Metropolitano e incluso subsidiar la compra de buses a gas? Esa pregunta aún nadie la logra responder coherentemente. Los más avezados sostienen que esa es plata del Estado y no de la Municipalidad, argumento bastante esquizofrénico o poco conciente de la unidad del Estado pese a sus ámbitos descentralizados.

Esta semana, un nuevo capítulo se añadió a esta historia. Como varios sabrán, el tren aún no se concesiona, y son ya varias las postergaciones hechas para la apertura de sobres pues, pese a tanta inversión prometida y fondos de garantía, los empresarios no ven rentable el negocio. Frente a ello el Teniente Alcalde ha solicitado una partida del presupuesto de 16 millones de soles para cubrir los gastos de mantenimiento de éste y el próximo año, ya que a todas luces el tren no se pondrá en marcha.  

Alan García anunció que aumentaría el presupuesto para el tren y el viceministro de Hacienda sostuvo que, si no salía la concesión del tren, el Estado haría la inversión total. ¿De verdad creemos que un proyecto así merece que el Perú gaste más de 600 millones de dólares? ¿De verdad creemos que para borrar los errores de un gobierno se debe permitir que el Estado deje de lado otras urgencias?

(*) Socióloga; regidora de la Municipalidad Metropolitana de Lima.