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Escribe Sofía García Carpio (CNDDHH)

Mientras en Argentina el Tribunal Federal comienza con un nuevo juicio a un ex represor, por los delitos de violaciones a los derechos humanos, aquí, en el Perú, estamos en la recta final del juicio que se le sigue al ex presidente Alberto Fujimori, por el mismo delito: crímenes contra la humanidad.

Es así como el día de ayer, martes 10 de febrero, compareció ante el Tribunal Federal Número 5, de Buenos Aires, el general argentino Jorge Carlos Olivera Rovere, de 82 años de edad, quien estuvo a cargo de los centros clandestinos de detención y tortura durante la dictadura militar argentina. El Tribunal Federal está integrado por los magistrados Daniel Obligado, Guillermo Gordo y Ricardo Frías, quienes impidieron las cámaras de televisión y fotográficas en su recinto.

Contrariamente a lo que viene sucediendo en el Perú, donde los magistrados no sólo han permitido el ingreso de periodistas, reporteros y fotógrafos, como signo de imparcialidad y transparencia, sino que han permitido el ingreso a los familiares de las víctimas, del acusado, de la sociedad civil, de estudiantes universitarios, de observadores internacionales. Es decir, en aras de la probidad y la justicia, han hecho público un juicio histórico, con la única finalidad de que la población conozca de los hechos acaecidos para que nunca más vuelvan a repetirse.

En el caso argentino, no sólo no se ha hecho caso a la decisión de la Corte Suprema, que ampara el derecho a la publicidad de los juicios, sino que se solicitó y exigió a las representantes de las Abuelas de la Plaza de Mayo quitarse los pañuelos blancos, que cargan desde que sus hijos y nietos desaparecieron por acción de la dictadura militar, por considerarlos “símbolos inapropiados”.

A pesar de estos hechos, la justicia argentina y peruana están dando muestras de que no importan los años que hayan pasado, después de cometidas las violaciones, la justicia debe imponerse ante la impunidad para dar paso a la reparación a las víctimas, a la sociedad que fue ofendida y violentada por estos hechos y, por último, para dar a conocer la verdad.