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Por Sofía Macher, Presidenta del Consejo de Reparaciones

(Publicado en la web del SER: http://www.ser.org.pe)

Durante la violencia política en el país el miedo fue el sentimiento más generalizado. No fue un sentimiento individualizado, fue más bien colectivo, ya que decenas de pobladores y pobladoras fueron obligados a presenciar las ejecuciones de sus familiares en las plazas de los pueblos. Para huir de esta situación, abandonaron sus casas y se fueron a vivir a los cerros. Niños y niñas crecieron con un sentimiento de desamparo y desprotección. En este contexto, la mujer vivió una violencia particular, la violencia sexual.

La CVR reporta 538 casos individuales de violación sexual que ocurrieron durante el conflicto armado interno que vivió el país. Registra también, más de 60 bases contrasubversivas con denuncias de violaciones sexuales cometidas en su interior. El 83.46% de estas violaciones sexuales reportadas fueron cometidas por las fuerzas del orden del Estado. El caso representativo de estas violaciones es Manta y Vilca, dos bases contrasubversivas en Huancavelica, que refiere la violación de veinticinco mujeres, caso que actualmente se encuentra en proceso judicial.

La sinopsis de la película La teta asustada dirigida por Claudia Llosa, cuenta la historia de Fausta quien tiene una enfermedad que se trasmite por la leche materna de las mujeres que fueron violadas o maltratadas durante la guerra en el Perú. La guerra acabó, pero Fausta vive para recordarla porque “la enfermedad del miedo” le ha robado el alma. Ahora la súbita muerte de su madre la obligará a enfrentarse a sus miedos y al secreto que oculta en su interior: se ha introducido una patata en la vagina, como escudo, como un protector para que nadie se atreverá a tocarla. Así, La teta asustada cuenta la búsqueda de un florecer, un viaje del miedo a la libertad.

Es cierto que las mujeres que sufrieron la violencia sexual, en muchos casos, no denunciaban las violaciones por temor, vergüenza o porque desconocían que esto constituía una violación a sus derechos humanos. Otros testimonios señalan que las mujeres no denunciaban por temor a ser condenadas como culpables del hecho y por el estigma público que ello conllevaba. Esta violencia sufrida es una experiencia traumática individual y social que fue sostenida en el silencio y en la impunidad. Testimonios de mujeres que la sufrieron expresan sentimientos de dolor, frustración, tristeza, angustia, culpa, pesadillas, frigidez, que por supuesto, dejan una herida en el mundo interno de las mujeres.

A la fecha el Consejo de Reparaciones ha recibido 2,021 solicitudes de inscripción que presentan afectaciones de violación y/o violencia sexual. No se ha logrado que las mujeres en el campo, que sufrieron esta violación se atrevan a contar su historia. Muchas de ellas han tenido hijos producto de las violaciones y muchos de ellos desconocen esta situación, o sus esposos no conocen de este episodio y no quieren que se enteren. Esta situación hace muy difícil el registro de violencia sexual, por lo menos aplicando la metodología que actualmente se utiliza. Será necesario entonces desarrollar una estrategia particular que garantice la confidencialidad y el tiempo necesario para que estas historias puedan salir.

Hay también otra manera de interpretar el mensaje de la película La teta asustada, que tiene que ver con el miedo. Los niños y niñas sobrevivientes y testigos de la violencia en sus formas más inhumanas, llevan ahora las huellas de esas vivencias que se traducen en desconfianza apatía, temor, sentimientos de vacío, de soledad, timidez. Ello generá también sentimientos de rabia, odio, resentimiento, desesperanza y derrota.

La CVR recibió testimonios desgarradores que cuentan que SL obligó a padres y madres a matar a sus propios hijos, para evitar ser descubiertos por las rondas del Ejército por el llanto de los niños. El clima de violencia privó a las madres del entorno seguro y maternal durante el embarazo. Frente a la angustia por sus seres queridos muertos o desaparecidos no tenían las fuerzas para dar soporte a sus bebes. El testimonio 300556 recibido en Huancayo es de una mujer que narra la desaparición de su esposo y explica la muerte prematura de su bebe: “Mi hijito que ha muerto […] su corazoncito así palpitaba […] nada de dolor tenía, solamente palpitaba su corazón hasta afuera, así sacudía, así no más le ha paralizado. En el hospital me ha dicho cardiaco al corazón. Tanta pena, tanta cólera que ha mamado …Y todo eso pues le habrá mamado el pobre bebé. Tenía razón, toda esa pena, a veces tenía cólera, a veces tenía pena, más pena, día y noche pena, pena, lo ha mamado; todo pues habrá dado al corazón”

Si bien de acuerdo a los esfuerzos personales muchos de estos ninõs y niñas han salido de este círculo, es necesario el apoyo del Estado y del conjunto de la sociedad para que aúnen esfuerzos que atiendan de alguna manera el sufrimiento y los traumas que han vivido. La reparación cumple una función en esta recuperación. El reconocimiento de parte del Estado de lo vivido por ellos, ayuda a procesarlo, contextualizarlo e interpretarlo. Apoyar a recuperar su condición de ciudadanos y ciudadanas y ya no de víctimas. Esta es una tarea colectiva y empieza por el reconocimiento oficial de la propia responsabilidad. Que el miedo no obligue a ocultar lo sufrido.
 
http://www.ser.org.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=759&Itemid=110

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