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Autor: María Méndez

Existen delitos que concentran en su naturaleza lo más oscuro de la condición humana y sublevan la conciencia civilizada. La trata de personas es uno de ellos. Considerada una versión moderna de la esclavitud, la trata convierte al ser humano en una mercancía, susceptible de ser vendida, alquilada, explotada y sometida a toda suerte de vejámenes que son una afrenta a la dignidad humana.   La trata de personas, que es la tercera actividad ilícita global más lucrativa, luego del tráfico de armas y del tráfico de drogas, ha sentado sus reales en Madre de Dios.  El valioso libro “La trata de personas con fines de explotación laboral: El caso de la minería aurífera y la tala ilegal de madera en Madre de Dios”, que acaban de publicar el Instituto de Estudios Internacionales, IDEI, de la Universidad Católica  y la Organización Internacional para las Migraciones OIM, es una voz de alerta sobre lo que está aconteciendo en Madre de Dios, esa paradisíaca región del Oriente peruano, tan pródiga en recursos, pero a la vez librada a la acción de mafias de contrabandistas, taladores ilegales y mineros informales del oro.

Las estructuras delictivas de la tala y la minería informal han generado una vasta red de explotación humana que afecta sobre todo a migrantes andinos jóvenes que, mediante engaño, son reclutados para trabajar en esas actividades. A través del mecanismo del “enganche” las víctimas quedan sometidas a sus “patronos” mediante deudas impagables generadas por su propios gastos (inflados, por cierto) de alimentación y subsistencia. Estos jóvenes quedan virtualmente secuestrados (sus documentos les son retenidos) para trabajar sin paga y sin derechos durante lapsos que pueden prolongarse por varios años. La remota ubicación y el difícil acceso a los centros de explotación hace virtualmente imposible la fuga o la denuncia, en tanto la corrupción de las autoridades conduce a un pacto de silencio o de negación de la realidad. 

Dentro de las víctimas de la trata con fines de explotación laboral existe un alto porcentaje de niños y adolescentes que el IDEI estima en 20%. Ciertamente, el escenario descrito por Fabián Novak y Sandra Namihas, los autores del estudio, no está exento de explotación sexual infantil y exhibe las dramáticas condiciones de insalubridad  y degradación a las que son sometidas las víctimas, cuyos testimonios ocupan parte importante del texto. Habría que agregar que la estructura delictiva de la tala ilegal no es ajena a la industria del narcotráfico pues el bosque depredado configura el espacio para la coca ilegal y la producción de cocaína. De manera similar, la trata de personas guarda estrechos vínculos con el tráfico de órganos, del cual ya comienzan a presentarse indicios en Madre de Dios. 

El Perú ha hecho esfuerzos importantes en los últimos años para dotarse del marco legal necesario para combatir la trata de personas. Es preciso, sin embargo, comprometer de manera firme y activa a todas las instituciones y ciudadanos para luchar frontalmente contra esta actividad criminal que somete a compatriotas nuestros a una abominable explotación en pleno siglo XXI.

Fuente: Diario Expreso