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Palabras de Gisela Ortiz Perea pronunciadas en la misa celebrada el 28 de abril, en la iglesia de la Recoleta, en agradecimiento por la justicia

Arrancaron las flores de nuestros jardines de la vida, se llevaron el color contrastante de nuestra alegría. Deshojaron una a una cada una de nuestras esperanzas; tiraron al viento los claveles, las rosas, las retamas. Apagaron la luz de nuestra felicidad; se apagaron tras larga espera nuestras velas, los candiles, los mecheros, las tushpas…

Hoy juntamos nuestras flores, pétalo a pétalo, y las traemos a ustedes, nuestros queridos familiares, como ofrenda de vida, de alegría.

Hoy prendemos nuestras velas como la luz de esperanza que no debe extinguirse, como la señal hacia el camino de la justicia.

Hoy elevamos a ti, nuestro Señor, nuestro agradecimiento sincero por esta justicia, tu justicia. Por cada oración escuchada y respondida en acciones. Por el abrazo fraterno y la solidaridad encontrada. Por mantener viva la esperanza de que fuera posible la justicia. Por romper con la complicidad de quienes deben hacer justicia. Hoy reescribimos nuestra historia.

Hoy te agradecemos por enseñarnos a transformar el dolor en fuerza, la impotencia en coraje, la incertidumbre en persistencia. Por acompañar esta larga lucha de resistencia y de memoria terca. Nuestra lucha es la semilla del nuevo futuro que todos queremos, el futuro del que todos hablamos: sin olvido, sin impunidad.

Y aquí seguimos los familiares después de tantos años, de pie, firmes, mirando de frente a los asesinos con la mirada limpia y el corazón sereno por la justicia. Aquí seguimos, aunque no nos quieran ver porque les recordamos sus crímenes pero también sus complicidades, ya no en la vereda de enfrente como espectadores sino en el camino que abrimos de lucha contra la impunidad.

Nuestros familiares no tienen olvido. No han muerto nunca; viven en la presencia de tu justicia.

Hoy renacen las cantutas desde la justicia, hoy vuelven a tener voz tus rosas, tus claveles con el grito plasmado en la justicia.

Hoy vuelven a las calles con nosotros con el reconocimiento al derecho a la dignidad.

Hoy se quedan en la historia como los estudiantes, los vendedores, los maestros, los trabajadores que arrinconaron a la muerte y acorralaron a la impunidad.

Y se hizo justicia en tu nombre, mi hermano, por tu memoria, por tu fuerza, por tu cariño.