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activista trans ddhh

Escribe Belissa Andía Pérez
CLAVELES ROJOS

En la madurez de su vida, con algo mas de tres décadas nos acaba de dejar Ray Rodriguez Punto, luego de un breve periodo  de convalescencia que minó sus resistencias por causa de la epidemia del siglo, que cedió ante una infección galopante,  que llevó a que la hospitalizaran en el Cayetano Heredia, en el pabellón de Enfermedades Tropicales.

Trabajó desde los comienzos en la estrategia sanitaria de promotores pares de salud,  implementada por el Ministerio de Salud, actividad que le llevó a tener muchas amistades entre las personas que están involucradas en el tema de salud, especialmente en el control y prevención del VIH-Sida.

Ray era una promotora de pares sin par, muy responsable, exigente con su labor para mapear, dar información, prevención y derivar a las personas que en la estrategia sanitaria están enmarcadas como “poblaciones vulnerabilizadas” a los centros de salud de referencia. Su acercamiento a la población discriminada en razón de su identidad de género, no sólo se circunscribía a su trabajo formal, sino que también cultivaba la amistad y la solidaridad con ellas, asumiendo también una disposición de consejera y confidente, por la discreción que guardaba con los problemas que le referían.

Conocí a Ray en el verano del 2006, cuando visité la Dirección de Salud del Rímac, como candidata al congreso de la república. Ella fue la más entusiasta en la propuesta que una activista trans entrara a la arena política y borrara de plano los estereotipos con que se les estigmatiza a las travestis. Terminada mi participación en la asamblea de la DISA Rímac, me manifestó su deseo de participar activamente en mi equipo de campaña. Tuvimos una ardua tarea con las visitas programadas a diferentes sectores poblacionales de Lima dando a conocer las propuestas políticas de nuestro plan de acción.

Más adelante se incorporó al Colectivo Claveles Rojos, organización integrada por personas trans que  luchan por el reconocimiento de su identidad y participó asimismo como promotora de Derechos Humanos en el Instituto Runa, experiencias que la llevaron a considerar que el acceso al derecho a la salud no puede desligarse de la relación interdependiente con los derechos humanos en su conjunto.

Admiré en ella su capacidad para la alegría y la broma, era tremendamente comunicativa y responsable en las acciones en que se comprometía. Trabajó en la zona de Lima Norte y luego le asignaron salidas a ciudades cercanas: Huaral, Paramonga, Huacho, Cañete, lugares en los que replicaba los conocimientos adquiridos en innumerables talleres de capacitación.

Pero llevaba dentro sentires ocultos, como cuando le truncaron su carrera académica en derecho en la universidad San Martín de Porres, cuando cursaba el segundo año de estudios, por tener la valentía de salir a los medios televisivos y asumirse en su transgeneridad. La reacción familiar fue de gran impacto, retirarle su apoyo; consideraban que una travesti solo podía aspirar a  la estética, la cocina o a la moda, que seguir una carrera profesional era una pérdida de tiempo y una inversión inútil.

Algo más profundo afectaba su alma, que a pesar de la entrañable amistad que teníamos, no estuvo dispuesta a confiarme su condición de pvvs (persona viviendo con VIH/SIDA). Atribuía algún malestar ocasional que la afectaba a problemas gripales, hepáticos, bronquiales, etc, pero nunca mencionó la real situación que afectaba su sistema defensivo. Se negó a acudir a los servicios de salud que bien conocía y que le hubieran dado el soporte que ella necesitaba, porque bien sabía que hoy en día ser positivo no significa más muerte ineluctable.

Sólo cuando las fuerzas le flaquearon y no pudo resistirse a acudir a la atención médica, es que rebela su estado crítico, y la vida ya le había bajado la bandera de llegada al final. Los esfuerzos por remontar esta situación fueron infructuosos. Ray se llevó consigo el enigma de su decisión, los motivos para no acudir a quienes la queríamos para recibir la ayuda del caso y continuar las muchas luchas que emprendió en la vida por el respeto a su identidad de género.

Su partida prematura, sin embargo, no logro asimilarla aún, pues el sentimiento de tenerla cerca está presente, no pude darle el adiós por circunstancias inesperadas. Perviven sus cualidades de persona noble, entrega personal, y vocación social, que han calado hondo entre los y las personas que hemos sido sus amig@s y es desde ya una referente entre las activistas trans defensoras de los Derechos Humanos.

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