Nuestros hermanos de Putis

Publicado el 21 agosto 2009 por en Casos, Opinión

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Por Ronald Gamarra Herrera

Hace casi 25 años, el 13 de diciembre de 1984, los pobladores de Putis, de Huanta, de Ayacucho, del Perú entero, sufrieron uno de los días más aciagos de la historia de nuestro país. Aquel día, más de cien pobladores de las comunidades de Vizcatampata, Cayramayo, Sinhuamachayniyocc, Orccohuasi, Mashuacancha y otros anexos cercanos a Putis fueron asesinados por miembros del Ejército.

Esta matanza encierra, al mismo tiempo y como un símbolo oscuro, la violencia extrema y la exclusión extrema que hemos vivido por décadas. Los pobladores de Putis no solo fueron víctimas de las balas. Vivieron el círculo infernal de engaño y desprecio a la vida montado por agentes del Estado del que formalmente eran parte.

A su muerte se agregó la burla, la fría crueldad, la banalidad con que fueron eliminados. Ellos habían huido de sus pueblos para salvar la vida frente a los ataques senderistas. Pero en 1984, al instalar el Ejército una base militar, se les invitó a regresar y se les prometió protección. Y el 12 de diciembre ellos volvieron, creyendo en esta promesa.

El 13, en la madrugada, mientras un grupo de soldados violaba a las mujeres, otro grupo obligaba a los varones a cavar lo que les dijeron que sería un criadero de peces. Al final, a todos juntos los acribillaron en esa fosa abierta para su propio asesinato.

El pasado ha sido de horror para muchos peruanos olvidados. La historia de Putis, pese a lo terrible, no se conoció cabalmente sino muchos años después. Gracias al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, de Paz y Esperanza, de sus propios pobladores y organizaciones, se logró exhumar los cuerpos de las víctimas enterradas en secreto y se inició su identificación, como paso primero para hacer justicia.

Un doloroso pero necesario capítulo de este luto se cumplirá el próximo sábado 29 de agosto, en que se dará sepultura a los restos de las víctimas en el camposanto que los comuneros están alzando con sus propias manos para honrar su memoria.

Putis es un símbolo de lo mucho que queda aún por trabajar y luchar. Pues así como en Putis, la Comisión de la Verdad registró más de 4 mil sitios de entierro en todo el país. Como en Putis, los familiares, los pueblos, siguen esperando justicia y reparación.

Sin embargo Putis es también símbolo de lo que puede lograrse. Por ello, para el movimiento de derechos humanos, la ocasión del entierro de estas víctimas es una fecha muy especial. Porque 25 años después de lo sucedido, Putis está vivo y afirmando ante el mundo que la vida es posible. Y que mientras un aliento anime a los que sufren y resisten, la verdad, la justicia y la esperanza tienen un lugar en nuestra nueva historia, que iremos construyendo juntos, pese a los años, la pobreza y las dificultades.

Descansen en paz, hermanos de Putis. Su memoria está viva en nosotros.

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Publicado en La República

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