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Las Faustas anóminas esperan justicia y reparación. A propósito de candidatura de la “Teta Asustada” al Oscar

  • Ningún agresor sexual en los tiempos de conflicto armado interno ha sido sancionado
  • Con reducción de presupuesto al Consejo de Reparaciones el Gobierno se desinteresa por recuperación de las víctimas

Miles de mujeres peruanas siguen sufriendo las secuelas del periodo de conflicto armado interno vivido en el Perú entre las décadas de 1980 al 2000. Al igual que Fausta, la protagonista de la película La Teta Asustada, cuya madre fue violada sexualmente, estas símiles del personaje de la directora Claudia Llosa, viven sin  haber procesado el temor, la angustia, y heridas causadas en esos tiempos.

La madre de Fausta murió sin que los responsables de la violación sexual, trauma heredado a su hija, sean juzgados y sentenciados, porque al igual que la gran mayoría de víctimas de este delito, guardó silencio por una serie de factores como el temor a represalias, la desconfianza en el sistema de justicia y el cuestionamiento social de su entorno que la criticaría en vez de solidarizarse con ella.

“Saludamos la nominación al Oscar a mejor película extranjera de la película La Teta Asustada, porque además nos permite reflexionar sobre la situación de miles de mujeres como Fausta y su madre, que viven en un injusto e intolerable contexto de impunidad pues hasta la fecha no ha sido sancionado ningún agresor sexual de mujeres en el periodo de conflicto armado interno”, afirmó Diana Portal, abogada del Demus, Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)  reportó que en dicha etapa el 83.46% de las violaciones sexuales las cometieron agentes del Estado y el 11% integrantes de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.

La CVR indicó que esta violencia sexual por parte de agentes del Estado se dio en torno a incursiones militares y dentro de establecimientos de las Fuerzas Armadas y Policiales. Fue tal la magnitud de los casos que esta mala práctica se evidenció como una estrategia contrasubversiva así como un crimen de lesa humanidad, es decir, una grave violación a los derechos humanos que no prescribe en el tiempo.

La gran mayoría de afectadas fueron quechuahablantes, de origen rural y campesino, cuyas edades fluctuaban entre los 10 y 19 años. “La violencia sexual estuvo concentrada en mujeres andinas, campesinas pobres, y en edad reproductiva; es evidente el impacto por razones de género, etnia, clase y edad”, precisó.

Existen nueve casos que están siendo judicializados por violencia sexual, dos fueron presentados por la CVR y otros siete son acompañados por organizaciones de la sociedad civil. El balance en cuanto al acceso a justicia para las víctimas es negativo y desalentador. Sólo está abierto un proceso contra 10 efectivos del Ejército de las bases militares que funcionaron en las comunidades centro andinas de Manta y Vilca, donde diferentes testimonios dieron cuenta de violencia sexual sistemática contra las mujeres.

En cuanto a reparaciones el panorama es igual de negativo. El gobierno no dota de presupuesto al Consejo de Reparaciones y las víctimas quedarán fuera del alcance de este derecho, manifestó la abogada.

Por su parte la psicóloga Paula Escribens, también de Demus, sostuvo que la impunidad instala sentimientos de desesperación, rabia y desolación entre las mujeres víctimas, y que mientras persista la impunidad no podrán recuperarse, como le pasó a la madre de Fausta en la película.

Fuente: NotiDemus

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