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Por Gustavo Oré

Con estas palabras,  el General Alberto Jordán Brignole expresa su total disconformidad con la sentencia de prisión suspendida por 20 meses a la que ha sido condenado por su actuación en el conflicto registrado en Moquegua a mediados de 2008. En suma, lo que hizo este miembro de la Policía Nacional fue retroceder con sus fuerzas policiales –que por mucho eran inferiores al número de manifestantes- y luego de ser rodeado y secuestrado negociar una retirada pacífica y evitar un derramamiento de sangre inútil, que habría constituido un acto violatorio a los derechos humanos.

“El que tiene miedo físico es mejor que no se meta en estas cosas.” Dijo García en ese entonces; nos preguntamos ¿miedo a cuáles cosas señor presidente? ¿miedo a dispararle a matar a la población?.  Además añadió “Como jefe de las Fuerzas Armadas, mi opinión y mi sanción será para dentro” Nos volvemos a preguntar ¿cuánto ha influido esta opinión para sus adentros en la  condena que el Tribunal Militar Policial le acaba de aplicar al general Alberto Jordán Brignole por estos hechos?

Qué fácil es reclamar valentía y coraje desde un traje elegante y sin reconocer la responsabilidad que tiene este gobierno en la conflictividad que se vive en el país actualmente, a partir de la inacción y carencia de una política que vele por el cumplimiento de derechos básicos para la población, lo que genera un justo reclamo que es percibido desde el poder como el ladrido de un perro del hortelano o proveniente de algún enemigo del desarrollo.

Pero el General Jordán, sí que demostró valentía y capacidad de negociación, incluso con mucho tino realizó un gesto simbólico de intercambio de una prenda con una persona que protestaba enardecidamente. Para eso se necesita mucho valor  y capacidad de diálogo, algo que varios representantes de este gobierno, evidentemente no tienen; o si la tienen, la usan para perpetrar hediondos actos de corrupción como los que observamos últimamente.

De lo que debería preocuparse, señor Presidente, es de mejorar las condiciones en las que los policías actúan, que son más que precarias, se le viene diciendo esto desde su primer gobierno, existen diversos testimonios y documentos al respecto; sin embargo, lejos de dotarles de mejores recursos, se preocupa usted de sancionar a un hombre que simplemente, hizo lo sensato, lo correcto, evitar una tragedia y no violar derechos humanos de la población.

Las leyes atentatorias contra los derechos humanos que convierten en delitos a todos los actos de protesta social son un instrumento legal (un arma letal) que ha dado el gobierno a la Policía. Desde luego, no son ni serán estas líneas un espacio de justificación para la violencia en la protesta social; porque también es verdad que existen  azuzadores que irrespetando la vida de los demás, desde el egoísmo y la miseria política, se aprovechan de la injusticia en la distribución de recursos para empujar a las poblaciones a situaciones límites como la vivida en Moquegua o en Bagua y tienen una responsabilidad directa en las muertes o lesiones producidas; pero ello no justifica empujar legal y políticamente a los policías a disparar contra una población que protesta.

Así pues, hoy en el Perú un policía es castigado por preservar la vida de sus compatriotas, enardecidos, sí; expresando su indignación con violencia, sí; afectando derechos de terceros, es cierto, pero ciudadanos finalmente, personas que terminados los actos de protesta volverán a sus trabajos, a ser padres o madres, a trabajar para sacar adelante a sus familias, al país; y no merecen aparecer inertes en la morgue con balazos en el cuerpo.

Desde luego, el denominado “moqueguazo”  tuvo un costo político, pero ese costo debe ser asumido por los propios ministros, en especial el ministro Salazar, y el presidente de la República; pero la pita se sigue rompiendo por el lado más débil. Hoy es el General Jordán, ayer los policías muertos en la zona del VRAE o Alto Huallaga, mañana ¿quién será? Evidentemente no el Presidente, ni los ministros que indican con el índice al chivo expiatorio de turno.

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