Intolerancias

Publicado el 03 junio 2010 por en Opinión

0
Compartir

Por Jo-Marie Burt

Artículo publicado en NoticiasSER.pe 3 jun 2010

Durante la última semana la libertad condicional otorgada a Lori Berenson y la visceral reacción de sus vecinos a su instalación en un departamento de Miraflores ha copado las noticias de los medios de comunicación. “¡Fuera terruca!” le gritaron, y hasta hubo amenazas de muerte, reacciones alentadas por ciertos medios y políticos que consideran que sembrar miedo e intolerancia en la población es la ruta más segura de regresar al poder. Muchas personas han levantado su voz de protesta ante tales actitudes, señalando que la ley se ha cumplido y que Berenson pidió perdón a la sociedad peruana por sus actos, además de haber cumplido con tres cuartos de su sentencia. Señalan la vital importancia de la convivencia, claro, siempre y cuando quienes se quieren reintegrar a la sociedad aceptan convivir de acuerdo a las reglas básicas de la democracia.

Alrededor de este debate gira un tema evidente en otros hechos de la semana: la profunda intolerancia que está a flor de piel en la sociedad peruana cuando se trata de temas de la violencia política. Hace unos días atraás se reveló de que el alcalde de Villa María del Triunfo —aliado de Alex Kouri en las elecciones municipales— habría destruido, clandestinamente, sin previo aviso, y en la madrugada para que nadie pudiera protestar, un monumento construido por los ciudadanos del distrito que conmemoraba a las víctimas y sobrevivientes de la violencia política, muchas de las cuales viven en aquel distrito populoso de Lima.

El monumento “El Árbol Desarraigado,” es uno de los muchos esfuerzos en todo el país por conmemorar el sufrimiento de decenas de miles de peruanos a causa de la violencia política. Construido en el año 2008, mostraba el tronco de un árbol suspendido por tres soportes de acero, resaltando las grandes raíces expuestas. Era un homenaje a los cientos de miles de peruanos que tuvieron que dejar sus hogares a consecuencia de los “barridos” de Sendero  Luminoso y los operativos de “tierra arrasada” de las fuerzas del orden durante el conflicto y que ahora viven, lejos de sus tierras natales, en distritos populares como Villa María del Triunfo y que, por lo general, han sido olvidado por la sociedad.

Tal acto, de hecho condenable, nos hace recordar el vandalismo realizado por sectores del fujimorismo al monumento y santuario “Ojo que llora” en el distrito de Jesús María. Otra muestra de la intolerancia que algunos utilizan para despreciar y desconocer a los “otros” que no concuerdan con su visión de las cosas. En realidad se trata de un atentado contra los derechos de los ciudadanos de expresarse y de conmemorar una etapa triste de la historia reciente del Perú.

Perú es una sociedad “pos-conflicto”. Tal vez es difícil darse cuenta de ello: la propaganda oficial nos recuerda siempre que “El Perú Avanza” y las autoridades hacen muy poco por alimentar una discusión nacional sobre las secuelas de la violencia política y cómo, el Estado y la sociedad puedan concertar medidas para lidiar con el pasado y construir un futuro mejor. La intolerancia de algunos ciudadanos frente a la liberación de Lori Berenson, o de una autoridad local frente a una expresión artística de sus conciudadanos para conmemorar a las víctimas y sobrevivientes de la violencia, son una muestra de que en el Perú, todavía falta un largo camino para la ansiada reconciliación nacional.

Puede interesarte: