MVLl y los derechos humanos

Publicado el 15 octubre 2010 por en Opinión

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Por Ronald Gamarra

El Premio Nobel entregado por primera vez a un peruano, nuestro escritor Mario Vargas Llosa, consagra universalmente una obra cuya prestancia artística ya estaba demostrada, pero también, inevitablemente, reconoce la trayectoria de una vida comprometida íntimamente con la causa de la libertad y la justicia.

Su contribución es ejemplar y comprende una defensa permanente de la democracia y la tolerancia; una oposición resuelta a todo régimen dictatorial y al militarismo, que impiden el desarrollo institucional de nuestras sociedades y las condenan al atraso; y junto con ello una perecedera y ejemplar defensa de las libertades frente a los abusos del poder. Desde su activismo adolescente contra la dictadura de Odría, Vargas Llosa no ha cesado de involucrarse en sucesivos esfuerzos y emprendimientos, dentro y fuera del Perú, que lo han enfrentado con las dictaduras y con poderosas corrientes políticas identificadas con el autoritarismo de izquierda o de derecha, que no cesan de difamarle.

No es extraño entonces que la derecha autoritaria se llame a escándalo por la defensa que MVLl hace de los DDHH como lo hizo, por ejemplo, con su oposición frontal al DL 1097, al que calificó como una triquiñuela jurídica para facilitar la impunidad de los violadores de DDHH; su gestión del Lugar de la Memoria, que sacó adelante cuando el gobierno había decidido descartarlo; su elogio del memorial El Ojo Que Llora; su apoyo a la CVR y a su informe final por citar solo algunos ejemplos.

Y por eso tampoco extraña que la izquierda autoritaria lo descalifique ocultando los hechos, como lo hace cuando se refiere a la disidencia de Vargas Llosa frente a la revolución cubana, sin detallar los hechos que dieron motivo a esa disidencia: como la persecución de los gays en Cuba, en los 60, a quienes la homofobia revolucionaria internaba en campos de prisioneros con autoridad militar (las infames UMAP: unidades militarizadas de apoyo a la producción), o la persecución de que fue víctima el poeta Heberto Padilla, considerado peligroso por el solo hecho de que sus poemas no se ajustaran a la línea oficial. Sometido a la prueba de tragarse sin chistar sapos como estos, MVLL hizo entonces lo correcto: elegir sus convicciones de conciencia antes que someterse a una férula política.

La revisión que luego Vargas Llosa hizo de sus ideas políticas –que no morales– es también otra demostración de rigor y transparencia en el camino de hallar la propia verdad, ejemplo que no dan la mayoría de autoritarios que se recicla de la noche a la mañana como demócratas sin explicar cómo ni por qué.

Publicado en el diario La República

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