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Por Pablo Zavala Sarrio

Envueltos en un clima electoral asfixiante, lleno de diatribas, sospechas, insinuaciones e imprecaciones, tanto en la mayoría de los medios de comunicación, como de parte de los que postularon en las recientes elecciones regionales y municipales, y de los que intentan ganar un espacio en el manejo de la cosa pública en las próximas elecciones presidenciales, surge de inmediato la pregunta que encabeza el presente escrito: ¿Defensa de la democracia, o defensa de intereses particulares?.

Si la democracia implica pluralismo, concertación, diálogo, respeto mutuo, tolerancia,consulta, participación, transparencia y rendición de cuentas, ¿por qué entonces los contendores se miran como enemigos y emplean las peores armas para deslegitimar, menospreciar, ofender, zaherir, en síntesis, destruir al otro, aun cuando ello vulnere la moral, la ética y los derechos humanos?. ¿Qué tienen que ver estas conductas y actitudes con los valores y principios que conforman la esencia de lo que debería ser una verdadera práctica política democrática?

No cabe duda que el actual escenario político arrastra una grave crisis de representación en nuestro país. La mayoría de los “políticos”, empeñados en su afán por acceder al poder que da el manejo del Estado y sus instituciones, dicen defender la democracia, pero en el fondo, empleando un doble discurso, no hacen sino defender sus intereses particulares; su concepción de la democracia es la de una democracia clientelar coyuntural, que en nada contribuye a la promoción de una cultura de responsabilidad democrática, ni al fortalecimiento de la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Nos preguntamos, ¿cambiarán las cosas en las próximas semanas y meses electorales?. ¿Tendremos los peruanos y peruanas la oportunidad de escuchar y sopesar propuestas y programas de gobierno serios y realistas, o serán puras burbujas de jabón?. ¿Habrá un debate de ideas alturado, vengan de la “izquierda”, “centro izquierda”, “izquierdita de centro”, o “centrito de izquierda” (ya que parece ser que ahora nadie quiere decir que es de derecha), o seguiremos leyendo o viendo titulares y comedias televisivas circenses de baja estofa?. Y los ciudadanos de a pié, ¿seguiremos siendo meros espectadores y pasivos cumplidores de nuestro “deber ciudadano” ante las urnas, o sabremos decir nuestra palabra ante tanta desvergüenza, falsedad, hipocresía y falta de respeto a nuestra dignidad como seres humanos?.

Como educadores en derechos humanos, volveremos a repetir lo que hemos aprendido: la democracia no sólo se habla, se vive y practica cotidianamente. Coherencia, como quien dice, ¿verdad?.

12/11/2010