Keiko: La hija del golpe del 5 de abril

Publicado el 06 abril 2011 por en Opinión

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Por Ernesto de la Jara

Entre los innumerables anuncios que hizo Keiko en el debate, podría haber estado: prometo que en mi gobierno no habrá ningún golpe de Estado, pase lo que pase.

Pero obviamente no lo dijo. La razón es muy simple: hasta ahora no cree que su padre haya hecho mal ese fatídico 5 de abril.

Es más, se puede llegar a la conclusión, de que ella misma estaría dispuesta a dar un golpe similar. No es gratuito que, cuando se le pregunta por el golpe del 5 de abril, ella no lo condena de manera categórica. Lo que hace es “dorar la píldora”, al decirnos que ese golpe que dio su padre, respondía a circunstancias especiales; ergo, si esas circunstancias se repitieran se justificaría un nuevo golpe de Estado.

Ella es, además, candidata a la presidencia gracias a dicho golpe. Si no fuera por él, Fujimori tendría que haber terminado su mandato en el año 1995, sin que legalmente hubiera podido pasar hasta el 2000 y, menos pretender quedarse tres períodos, hasta el 2005. Y si habría ocurrido lo que correspondía de acuerdo a la Constitución, hoy no tendríamos a una Keiko postulando a la presidencia con la finalidad principal de sacar a su padre de la cárcel.

Ella dice que ya no lo indultará; que se someterá a lo que digan los Tribunales. Una afirmación que confirma que la “yuca” es hereditaria, porque con esa afirmación está tratando de engañarnos al igual que siempre lo hacía su padre y Montesinos.

El caso de Fujimori ya está cerrado. Y si el Tribunal Constitucional, declarara fundado algunos de los muchos habeas corpus interpuestos por la defensa de Fujimori, solo podría ser mediante una sentencia claramente arreglada e irregular, ya que sería un escándalo que alguien pueda decir que el juicio de Fujimori no se ha llevado de manera impecable, en cuanto a garantías del juicio justo. Se puede estar a favor o en contra del resultado, la justicia ya se ha pronunciado.

Si Keiko y los fujimoristas, usando el poder político y económico que mantienen logran que caiga las condenas de Fujimori, sería como volver a dar un golpe de Estado, ya que significaría burlarse de la legalidad, los tribunales de justicia, las instancias internacionales y la opinión pública.

NACE ¡DI-SOL-VER!

¿Cómo puede ser que existan sectores que tan rápido se hayan olvidado de lo que significó PARA EL PAÍS el 5 de abril? O quienes traten de convencernos que no fue tan grave, porque lo malo que después ocurrió, estuvo compensado con las otras cosas positivas que se hicieron durante el régimen de Fujimori y Montesinos.

El golpe del 5 de abril marca el inicio de la época más nefasta de la historia republicana del Perú.

Saqueo inescrupuloso de una inmensa cantidad de recursos del erario nacional de un país miserable. Espantosas violaciones de derechos humanos. Captura y manipulación de todas y cada una de las instituciones.

Compra de autoridades, de la mayoría de los medios de comunicación y de un buen número de periodistas, además de empresarios, dirigentes gremiales, representantes de otros países, para solo mencionar a algunos sectores.

Por si fuera poco: casos de tráfico de armas a las FARC y alianzas con el narcotráfico.

Golpe que trajo una primera re-elección, prohibida explícitamente cuando Fujimori accedió al gobierno, y, sobre la base de una cínica ley de “interpretación auténtica”, el país estuvo a punto de vivir un tercer período de dicho régimen.

Un golpe de Estado que hizo que el país no se pudiera dedicar durante 10 años a la política, retraso que ha ayudado que ahora estemos como estamos.

Un golpe de Estado que significó también la consolidación de una mentalidad autoritaria, basada en la “yuca”, en el engaño y en “el roba y mata pero haz obra”.

Pero, cuando ya muchos veían ese tercer período como un hecho consumado, el régimen se vino súbitamente abajo. Son varias las razones que explican esa feliz caída para el país: la movilización ciudadana, harta del abuso y de la corrupción; el video que mostró lo que todos sabíamos; y el cuestionamiento internacional por la realización de unas elecciones que no podían ser calificadas de libres y justas.

Fujimori, aprovechándose de un viaje oficial, huyó del país, luego de una patética y desesperada búsqueda de las famosas maletas con los videos que lo incriminaban. Una vez en el Japón, renuncia corajudamente a la presidencia vía fax.

Posteriormente, tal vez por primera vez en la historia no hubo borrón y cuenta nueva, gracias a la voluntad política del Presidente de la Transición Democrática, Valentín Paniagua, a un grupo de sus colaboradores y a unos cuantos jueces, fiscales y procuradores, a quienes no les tembló la mano para aplicar la ley a todos por igual, incluyendo a ex ministros. Altas autoridades de los Poderes del Estado, generales, algunos empresarios, entre otros.

Esta lucha contra la impunidad ha llegado a tener dos picos importantísimos y que por momentos se pensó serían imposible de alcanzar: primero, la captura, enjuiciamiento y condena de Montesinos, y, luego, la extradición, proceso y condena de Fujimori.

En ambos casos, las condenas se expidieron luego de juicios en los que se respetó todas y cada unas de las garantías del debido proceso, sin recurrir a los tribunales miliares sin rostro, creados, precisamente por ellos.

Nos tardamos más de 11 años en expulsar a una mafia que se había apoderado del país. Que absurdo es, por tanto, que hoy estemos arriesgando que esa mafia regrese, por no hacer frente a quien claramente representa a esa mafia: la hija de Alberto Fujimori.

Ella tiene mil puntos vulnerables pero nadie la toca, por lo que ha logrado ponerse de manera “solapa” en un lugar bastante expectante.

Prueba de que ella es la continuidad de lo que hizo su padre durante la década de los 90, es que durante el debate se quitó la careta, y, en lugar de continuar con la estrategia de distanciarse de su padre, optó por decirlo abiertamente: los hicimos en los 90 y lo volveremos a hacer ahora.

Imaginemos lo que significaría la vuelta del fujimorismo, con mucho más poder político que el que tiene ahora, en alianza con los sectores más perversos del país, con los millones de dólares robados que nunca devolvió, sabiendo ya cómo no repetir los errores que permitieron que se les sacara, con las manos en la masa y con una gran sed de venganza contra quienes les cerraron el paso en nombre de la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la corrupción.

Fuente: IDL

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