Reparación burlada

Publicado el 24 junio 2011 por en Opinión

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Por Ronald Gamarra

Publicado en La República, 24/06/2011

Entre los numerosos hechos consumados que el gobierno de Alan García pretende asegurar antes de cesar en el poder, hay uno especialmente grave que viola y hace irrisorio el derecho de las víctimas a recibir una reparación por el daño sufrido durante el período de violencia que comenzó en 1980.

El 15 de junio, el gobierno puso en vigencia, sorpresivamente, el Decreto Supremo 051-2011-PCM, que regula desfavorablemente a las víctimas varios aspectos del proceso de reparaciones, entre los cuales resaltan dos: a) el cierre del proceso de identificación de personas con derecho a una reparación y la clausura del registro correspondiente, a efectuarse indefectiblemente 31 de diciembre de 2011; b) el monto irrisorio de la reparación contemplada, equivalente a 10 mil nuevos soles.

La norma se ha emitido violando el mecanismo de consulta establecido en el proceso de reparaciones. Es así mismo una norma elaborada en reserva con la pretensión de sorprender incautos en las últimas semanas del régimen aprista. Alan García pretende crear un nuevo hecho consumado, estableciendo un monto de reparación que es una burla a las víctimas y al daño sufrido por ellas, al asignarles 10 mil soles como monto máximo y único por daños que incluyen mutilaciones o pérdida de la vida.

La norma revela adicionalmente su carácter arbitrario al establecer tal monto indemnizatorio, cuando el mismo gobierno en otros casos, como los integrantes de los comités de autodefensa, ha asignado montos superiores, que triplican lo previsto en este decreto supremo. Las víctimas de la violencia ya están expresando su rechazo a esta norma a través de sus diversas organizaciones y solicitan su derogación, con el apoyo de las organizaciones de derechos humanos. La Defensoría del Pueblo, a través de su titular en funciones, también ha cuestionado formalmente esta norma.

Sabemos que, como en otros hechos que se pretenden consumados, el gobierno no tiene la menor intención de oír ni corregir. No nos sorprenda ver un día de estos a un orondo Alan García repartir cheques en alguna ceremonia pomposa en alguna comunidad andina. No podemos impedirle la peliculina, pero hay que hacer lo necesario para corregir este postrer estropicio suyo en contra de las víctimas.

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