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Por Francisco Chamberlain, s.j.

Tomado de casariccisj.blogspot.com

En artículos anteriores he tocado el tema de las reparaciones. Sin embargo, es necesario, una obligación moral, volver sobre este mismo tema. La semana pasada el coordinador de CORAVIP-Ayacucho, Percy Huauya Bautista, hizo una llamada a las autoridades de la Región de Ayacucho (el Presidente de la Región, alcaldes provinciales y distritales) de sumarse con cartas apoyando la derogatoria o modificación sustantiva del Decreto Supremo No. 051 del PCM del año pasado, firmado por el entonces presidente, Alan García. Dicho decreto supremo sigue vigente. Este decreto supremo cerraba el registro de víctimas y puso topes de dinero absurdos a los reclamos. El Presidente Humala hasta ahora no lo ha tocado.

Además, Huauya Bautista anuncia una marcha a Lima para el 17 de abril de las víctimas de la guerra a nivel nacional.

Si bien el plazo para entregar las cartas es un plazo de tiempo muy apretado -el 15 de marzo-, la justa causa de las miles de víctimas de la guerra, debidamente inscritas en el registro que el mismo gobierno nacional ha promovido, sigue siendo desatendida por el gobierno y la nación. Decir que esto es un escándalo es decir en verdad muy poco. La demora en atender los reclamos de las víctimas, cuya inmensa mayoría son mujeres y hombres del campo, es simplemente horrorosa y que clama al cielo.

¿Por qué tanta demora? ¿Por qué tanta desidia en atender a estos justos reclamos? Algunos dicen que el problema radica en el Ministerio de Economía y Finanzas, que no hay plata para atender a tantas personas y sus reclamos. En vez de mirar la atención a las víctimas como un gasto del estado -la mentalidad que el D.S. 051 del año pasado evidentemente expresa-, el gobierno y todos nosotros debemos mirarla como una inversión en el futuro del país, una inversión que, al menos en algo, sana las heridas y promueve la inclusión de tanta gente secularmente marginada y menospreciada como verdaderos miembros plenos de la comunidad nacional. La reparación de las víctimas de la guerra no garantiza la inclusión, pero es un paso imprescindible para forjar una comunidad nacional en la que todos tengan el derecho de ser y de considerarse como ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho. La demora de las reparaciones no hace más que reeditar la historia de separación y desprecio que han sufrido millones de peruanos y peruanas.

El texto de Percy Huauya Bautista toca otros temas. Me llamó la atención la demanda de continuar el trabajo de los forenses. El año pasado la Defensoría del Pueblo afirmaba ante una comisión del Congreso que se estimaba el número de desaparecidos -los muertos y enterrados en fosas comunes- alcanza la espeluznante cifra de 15,000, de los cuales sólo se han recuperado los restos de unos 600. Evidentemente este trabajo de recuperación tiene un costo, pero no es sin más un gasto, sino una inversión en nuestro futuro como nación.

El texto de Percy Huauya Bautista es un texto de una asociación civil, el CORAVIP-Ayacucho. Pero es mucho más que un reclamo de un grupo o sector de las víctimas. Es mucho más que un reclamo de las otras asociaciones de las víctimas como nuestro ANFASEP. Ha de ser un reclamo de toda la sociedad peruana, para hacer que nuestro Perú sea algo más humano, más libre de la lastre de discriminación que tanto ha marcado nuestra historia patria.