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Angélica Mendoza de Ascarza se ha convertido en el rostro público de los familiares de los desaparecidos en el Perú. No se ha cansado de clamar por ellos.

Angélica Mendoza recibió anoche la Medalla de la Defensoría del Pueblo. Foto: La República


Tomado de La República

Hasta el 2 de julio de 1983 Angélica Mendoza de Ascarza era una madre dedicada a cuidar a sus ocho hijos. Esa imborrable noche su vida cambió para siempre, cuando efectivos del cuartel Los Cabitos, en Ayacucho, entraron a su casa y se llevaron a su hijo Arquímedes.

«Lo arrancaron de mis brazos, con insultos, con golpes. Me dijeron: para aclarar nomás estamos llevando; mañana vas a venir al cuartel», relató.

A la mañana siguiente fue a la base militar a preguntar por él, a llevarle ropa, comida. Pero se lo negaron. Fue a los locales de la Guardia Republicana, de la Guardia Civil, de la Policía de Investigaciones. Todos negaron haberlo detenido.

Luego, cuando acudió a la Fiscalía, encontró a varias mujeres preguntando por sus hijos, sus esposos, sus hermanos. Desde entonces empezó a caminar con ellas, compartiendo la esperanza de encontrar, en algún momento, a sus seres queridos.

Ella siempre estaba dispuesta para ir a las quebradas, donde cada cierto tiempo aparecían cadáveres; para plantarse en el cuartel, de donde la botaban llamándola «terruca»; igual regresaba pues su amor era más grande que el temor.

EN BUSCA DE JUSTICIA

Angélica fue una de las más decididas en la fundación de la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados y Desaparecidos del Perú (ANFASEP) y en la creación del comedor para alimentar a los niños que quedaron huérfanos a causa de la violencia interna.

Poco a poco se convirtió en «Mamá Angélica» a secas. Hoy, a sus 83 años, sigue reclamando por su querido Arquímedes.

Cuando empezaron a exhumar las fosas de Los Cabitos sintió miedo… y esperanza.

«He caminado todos estos años buscando a mi hijo. Son 28 años y no he olvidado. Nunca podré olvidar porque no lo he encontrado. ¿Estará vivo, estará muerto? ¿Qué será?», es la pregunta que se hace cada día al levantarse, cada noche al acostarte. Todo lo que pide es justicia y verdad. Todo lo que quiere es no morir sin encontrar a su hijo.

MEDALLA AL VALOR DE MADRE

En reconocimiento a su incansable labor en la promoción y defensa de los derechos humanos y la búsqueda de los desaparecidos, Angélica Mendoza de Ascarza recibió anoche la Medalla de la Defensoría del Pueblo.

El defensor, Eduardo Vega, sostuvo que su esfuerzo no ha sido en vano, pues si bien aún no encuentra a su hijo, su contribución ha sido determinante para la adopción de políticas en materia de justicia, verdad y memoria.

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