El coronel y la violencia sexual

Publicado el 19 febrero 2013 por en Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

El Papa Benedicto XVI renuncia a su pontificado en medio de una serie de rumores: por un lado se dice que fue una decisión radical para cortar con las oscuras alianzas dentro del Vaticano; por otro lado que fue para evitar una demanda por encubrir a los sacerdotes pederastas. Que el Vaticano, como en la época de los Borgia, se vea envuelto en intrigas económicas, financieras y sexuales me parece uno de los síntomas de todos los tiempos, la diferencia de ahora es que no se puede tener perfil bajo al respecto porque los escándalos se saben al medio minuto en todo el mundo. El Papa renunció y eso ha sido un anuncio por lo menos.

Pero en muchos de los países de África y AL con una alta tolerancia a las agresiones sexuales contra las mujeres, niñas y niños, la violencia sexual en todas sus formas se invisibiliza o se olvida. La semana pasada participé de un encuentro sobre violencia sexual durante conflictos armados en Washington (Missing Peace Symposium) con presencia de activistas, abogados, fiscales, funcionarios y militares de Guatemala, Colombia, Liberia, Sierra Leona, Kenia, Ruanda, Uganda, Somalia, Bosnia entre otros países y pude constatar, por la participación de mis colegas africanos, que estamos muchísimo peor que en casi todos los países de allá, excepto Burundi.

¿Por qué? Pues porque, a pesar de todo, esos países han asumido políticas públicas que atienden las demandas de las mujeres violadas y los hijos frutos de esas violaciones. No solo hay programas de reparaciones, también hay avances para apoyarlas con programas de salud mental, psiquiatras que trabajan el tema en hospitales públicos, programas para perpetradores, propuestas de apoyo a población LGTB en vulnerabilidad golpeados por el conflicto. ¿Y acá en Perú? Casi nada, excepto el registro de víctimas, reparaciones que no terminan de salir y la indiferencia del gobierno. Solo se estigmatiza a las víctimas y peor aún si han participado de grupos subversivos.

El coronel Birame Diop, de Senegal, por ejemplo, es el director del Centro para la Gestión de Cambios y Conflictos y además de haberse graduado con honores como piloto de la Fuerza Aérea de su país y tener una experiencia de 30 años tratando de tender puentes entre la sociedad civil y los militares, es uno de los principales líderes de procesos de cambio dentro de su institución para asumir cero tolerancia al tema de violencia sexual contra mujeres, niñas y población LGTB. El coronel Diop habló de la importancia de las propias mujeres violadas como voceras de esta tolerancia cero para evitar el “continuum de la violencia”.

En el Perú, ¿algún militar se atrevería hablar sobre los 2.383 casos de violencia sexual durante los 20 años de conflicto?, ¿algún oficial de la FAP podría proponer el tema de tolerancia cero?, ¿algún Ministro de Defensa permitiría que los fiscales y jueces tengan acceso a información sobre militares que “pichanearon” a cientos de mujeres en Manta o Soccos?, ¿algún juez se atrevería a dictar la PRIMERA sentencia por violación sexual?, ¿nuestro Presidente, que conoció de cerca lo que fue el conflicto, comentará alguna vez en público que esto no puede repetirse nunca más? Me dirán ilusa, pero yo espero que sí. Sería por lo menos el anuncio que necesitan los hijos e hijas del terror en su largo camino por la justicia.

Publicado en Kolumna Okupa del diario La República, 19/02/2013