El último aprista

Publicado el 16 abril 2013 por en Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

En la famosa foto que publicó Odría en diciembre de 1938 y luego ha sido divulgada en un panfleto titulado “Terrorismo APRA”, Armando Villanueva, de 22 años, aparece jovencísimo, con la barba crecida de varios días pero en impecable terno y corbata, guapo, con una mirada displicente, distante, aguerrida y los ojos fijos en la cámara. Un número le adorna el pecho, pues se trata de la ficha policial que seguramente le tomaron en el Panóptico de Lima por supuestas actividades conspirativo-terroristas realizadas en una casa de la Avenida Aviación en Miraflores. Lo habían capturado el 11 de noviembre del mismo año y la leyenda de la foto asegura que Villanueva se encontraba armado.

Obviamente Armando Villanueva estuvo encarcelado, esa y otras veces, todas por el mismo delito: pertenecer al Partido Aprista Peruano y “conspirar” para realizar acciones terroristas. Muchos otros apristas anónimos, y no tanto, pasaron por prisión también por defender las ideas de Víctor Raúl Haya de la Torre, sobre todo, aquellas un poco olvidadas referidas al antiimperialismo y la necesidad de una solidaridad indoamericana. Mi propia familia materna tiene varios héroes perseguidos, cuyas historias brillaban en mis sueños de infancia pues todas terminaban con persecuciones por los techos, cárceles injustas, esposas haciendo cola fuera del Panóptico para procurarle al marido algunas cobijas y alimentos. Así como resistencias a la tortura y muchas veces huellas de la misma en las pieles avejentadas de mis tíos abuelos. El más aguerrido y querido de todos ha sido mi tío Carlos Manrique León, poeta y periodista piurano, quien estuvo hasta en El Sexto, murió hace muchos años habiendo renegado del APRA durante el primer gobierno de Alan García. Las historias de los fundadores del partido se pueden leer en el ya célebre libro de Percy Murillo “Historia del APRA”.

Toda esta historia personal, que ha marcado mi vida y la de muchos de mi generación, como los propios hijos y nietos de muchos apristas, la refiero para traer a colación la herencia de Armando Villanueva. Obviamente, discrepo frontalmente con muchas de sus propuestas, como la solicitud que hace poco hizo a Ollanta Humala de darle el indulto a Alberto Fujimori y también con el prólogo al libro “Desde el banquillo de los acusados” de Víctor Polay Campos, en el que solicita abiertamente su amnistía. Hay que interpretar esa posición en la medida que indultos y amnistías son parte de su mirada de ex preso político.

Sin embargo, creo que la mística que simboliza este último líder histórico, no ha sido heredada por los actuales representantes del aprismo: ni Mulder ni Alan ni Del Castillo, menos Velásquez Quesquén o Nidia Vílchez, son portadores de ese carisma que por supuesto responde a la templanza que se adquiere en situaciones de extremo riesgo.

¿Quiénes serán los herederos del legado del aprismo histórico? ¿Acaso José Salgado, que acaba de formar un partido paralelo? ¿O Vargas Haya, quien nunca dejó de denunciar a Alan García? ¿O mi prima hermana, Hortensia André, anónima militante, quien nunca deja de ir a la Casa del Pueblo cada semana, silenciosamente, para participar de alguna marcha, lonches pro-fondos o para ser personera cuando ni Cabanillas ni Aurelio Pastor se aparecen?, ¿o el mismo Percy Murillo, quien, también anónimamente, da su magisterio entre las resquebrajadas paredes del local de la Av. Alfonso Ugarte?

Publicado en Columna Okupa del diario La República, 16/04/2013

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