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Leyda Portal fue secuestrada en su propio departamento, golpeada y torturada por agentes de la Policía. Luego fue llevada a la Comisaría de Lince donde también fue víctima de otras humillaciones y trato degradante. Su drama es el mismo de muchas otras mujeres que se desempeñan como trabajadoras sexuales y que se rehúsan a pagar cupos a los policías.

Luis Alberto Rojas fue intervenido por serenos y un policía, quienes lo llevaron a la Comisaría de Casagrande (La Libertad) donde fue golpeado y violado toda una noche por su orientación sexual. Luis Alberto considera que la tortura no fue sólo producto de esa noche, sino que vino de la indiferencia de las autoridades para hacer justicia. Su caso fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que le ha convocado al Estado peruano para que explique la situación.

Jefry Peña, joven trans, fue golpeada brutalmente, torturada por cinco sujetos con la complicidad de un policía, al punto de quedar en coma un mes, y con más de 180 puntos en todo el cuerpo, producto de cortes con botellas de vidrio y navajas. En el Centro de Salud donde la trataron también fue víctima de tortura, cuando le hicieron beber alcohol en vez de agua.

En el Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de Tortura “no hay comisaría o cuartel donde la tortura no esté presente”, señala Jaime Urrutia, antropólogo, sobreviente de las torturas en el Cuartel Los Cabitos. “Lo peor es que los ciudadanos no lo reconozcamos”, apunta, a la vez que llama a “reconocer la valentía de las personas que denuncian la tortura que han sufrido, quienes merecen nuestro respeto y admiración”.

La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) convocó a conferencia de prensa para alertar a la opinión pública de la terrible realidad que constituye la tortura en nuestro país, situación de la que estos casos no son sino pocos ejemplos. Carlos Jibaja, psicólogo y miembro del Grupo de Trabajo contra la Tortura de la CNDDHH señaló que este delito constituye un flagelo enorme contra los ciudadanos, y que el Estado está obligado a “generar un ecosistema de prevención de este delito”, lo que incluye la aprobación e implementación de un Mecanismo Nacional de Prevención de tortura que otorgue herramientas a la Defensoría del Pueblo para impedir que ciudadanos como Leyda, Jefry y Luis Alberto no queden desprotegidos ante tan  atroces abusos.

Rocío Silva Santisteban, secretaria ejecutiva de la CNDDHH, resaltó que “el Estado permita que miembros de las fuerzas del orden utilicen el cuerpo de los ciudadanos es algo enfermizo… la tortura es una forma más de insistir en la dominación del cuerpo, de la conciencia, del habla”. En este contexto, Silva Santisteban apuntó que “el mejor mecanismo de prevención de la tortura es la conciencia de los peruanos de lo que está sucediendo todavía en comisarías, en cuarteles, en las mismas casas de los ciudadanos”. En esta línea, Guillermo Giacosa, reconocido periodista, reflexiona: “Esta sociedad está constituida por la opresión, de la que la tortura no es sino un componente”.

“¿Yo qué soy para el Estado hoy en día?”, se pregunta Jefry. Hacemos nuestra esta interrogante.