Lo justo

Publicado el 11 Junio 2013 por en Opinión

0
Compartir

Por Rocío Silva Sanstisteban

“No podemos estar felices porque no somos inhumanos, también nos da pena. Pero nosotros no le dimos pena. El señor Fujimori fue inhumano conmigo cuando fui a hablarle de la muerte de mi esposo y de mi hijo. No me escuchó y después amnistió a los asesinos, y más tarde los condecoró y les subió de rango… ¿así hablan de inhumanidad? Yo, en nombre de mi hijo asesinado con una bala en la frente a los ocho años, en nombre de mi hijo le doy gracias al presidente Humala por haber rechazado ese indulto fraudulento” de esta manera Rosa Rojas, una de los familiares del caso Barrios Altos, terminó su presentación en la conferencia de prensa que Aprodeh y los afectados organizaron apenas se supo la noticia de la negación del indulto.

Ha sido larga, extenuante y solitaria la lucha que los familiares de las víctimas y el movimiento de derechos humanos siguieron para que el presidente Ollanta Humala no le conceda el indulto a Alberto Fujimori. Durante muchos plantones y vigilias los familiares de las víctimas de La Cantuta, El Santa, Barrios Altos, Pedro Yauri y otros estuvieron con sus velas, sus letreros, su indignación, frente a Palacio de Justicia o al MINJUS para señalar que, por todas las condiciones de salud, ese indulto era improcedente. Finalmente el tema fue resuelto desde una perspectiva técnica: lo que obviamente permitió la abstención de Ollanta Humala de otorgar el indulto fue la evaluación del Comité de Gracias Presidenciales que dispuso no ha lugar a un indulto humanitario porque, simplemente, no cumplía con los requisitos.

Alberto Fujimori y sus operadores, como su médico Alejandro Aguinaga, hicieron todo lo posible por presionar a Ollanta Humala de mil maneras, todas ciertamente torpes. Por eso mismo, luego de conocida la noticia, las reacciones fueron operísticas: César Nakazaki dijo que mejor hubiera sido que OHT lo apuñale por la espalda; Keiko Fujimori se propuso “desenmascarar” a Humala llamándolo “malévolo” y tramposo por haber sugerido la presentación oficial del indulto y remarcó que su padre “saldrá en libertad de todas maneras”. Kenji repitió el guión que imaginamos será el grito de guerra del fujimorismo: “Humala mutante”.

El indulto es una gracia, es potestad de una sola persona y no de un tribunal. Personalmente no estoy de acuerdo con este resabio de feudalismo en nuestro derecho penitenciario, pero si uno solicita un indulto, debe respetar las reglas del mismo. Pretender quejarse ante una decisión inapelable no tiene sentido. Ahora el fujimorismo, nuevamente, levantará las banderas del indulto por buen tiempo, aliándose con otros violadores de derechos humanos cuyos casos comienzan a revisarse en juicios orales este año y, coincidentemente, con quienes claman también por amnistía e impunidad. Los familiares de las víctimas, como siempre, mantendrán la esperanza de que en nuestro país la justicia es posible y saldrán a las calles con sus velas, sus pancartas, su tenacidad. Nosotros, los aliados también tercamente persistentes, nos preparamos para la arremetida de insultos e improperios de toda laya.

Publicado en el diario La República, martes 11/06/2013

Puede interesarte: