La protesta es un derecho humano

Publicado el 09 julio 2013 por en Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

Revoltosos, antimineros, antisistema, destructores de proyectos, del desarrollo y el progreso. Mirar de esta manera las protestas sociales es simplemente seguir pensando desde una perspectiva represiva y no entender que cuando la gente sale a las calles es por indignación.

Las movilizaciones que el viernes terminaron siendo brutalmente reprimidas, de tal suerte que cayó fulminado por un balazo Kenllu Cifuentes, de 22 años en Barranca, y decenas fueron detenidos en Lima, Cusco, Arequipa, Barranca, entre otros lugares del Perú, son la revelación de que los diversos sectores saben, entienden, conocen y analizan el marco legal que el gobierno de OHT propone para profundizar las reformas neoliberales extractivistas de cara a las presiones de ciertos grupos empresariales.

La historia de Kenllu Cifuentes es de una paradoja siniestra: el 28 de mayo del 2003 fue herido en el pecho de un balazo durante la represión del paro agrario convocado por las Juntas de Regantes. En ese entonces tenía 11 años. Obviamente no participaba en las protestas sino que una bala perdida le dio al salir de un cumpleaños. Milagrosamente se salvó, estuvo tres meses hospitalizado, se repuso y pudo llegar a ser soldador. Este viernes al salir de la casa de un tío, otra bala perdida le dio en el mismo lugar, el pecho, y lo mató de inmediato. El año pasado Kenllu y otros heridos de los sucesos de Barranca en el 2003 presentaron un recurso para denunciar su situación y pedir una reparación que, en su caso, nunca recibirá justicia.

¿Por qué mueren personas durante las protestas? ¿Por qué se reprimen las protestas con balas de fusiles de largo alcance? ¿Por qué seguimos pensando que los protestantes son solo revoltosos y no ciudadanos decepcionados por un régimen que les dio la espalda a la primera de espadas y ahora no dialoga ni con sindicatos, movimientos sociales o colectivos sino solo con los empresarios?

Pensar que la gente se levanta por que “no entienden los beneficios de las nuevas leyes” como la de SERVIR o como la Ley Universitaria es seguir moviéndose en la lógica simplista de “el pueblo es bruto” y no decodificar las protestas como lo que son: los sectores movilizados saben exactamente en qué los perjudican esas leyes.

La entrevista del domingo a Óscar Valdés en El Comercio aduciendo que en Conga se debió tener “más firmeza” (¿quería más muertos o qué?) es una perla del pensamiento fascista de ciertos sectores del gobierno con pasado militar. Se trata de una ecuación mortal:
pueblo-bruto + revoltosos-radicales + antidesarrollismo = mano-dura. Para estos sectores que representa Valdés la CVR teatralizó e hizo llorar en público a los comisionados por eso se persigue a los militares. ¿Y las 2.838 mujeres violadas o las 4 mil fosas comunes son “un exceso”, una mentira o puro teatro? La estupidez es soberbia.

Los cambios de ampliación de derechos a todo nivel han sido el producto de movilizaciones sociales: desde las marchas de sufragistas en Inglaterra a comienzos del siglo XX hasta la caída del régimen de Morales Bermúdez por la gran movilización popular de 1977. La protesta es, pues, un derecho. Protestar forma parte del derecho a la libre expresión y, por supuesto, no implica tener carta abierta para el vandalismo, pues la violencia nunca se justifica venga de donde venga.

Publicado en diario La República, martes 09/07/2013

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