El Cuartel Los Cabitos Hoy/ada

Publicado el 18 marzo 2014 por en blog, Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

“Parecía increíble lo que nos contaron las mamitas de ANFASEP durante las gestiones de las audiencias de la CVR en Ayacucho: la existencia de un horno en la zona del cuartel Los Cabitos” comentó José Coronel, ex director de la CVR-Ayacucho, en la presentación del libro Cuartel Los Cabitos: lugar de horror y muerte, publicado por APRODEH, “pero cuando se produjeron las exhumaciones y nos dimos cuenta de que, en efecto, muchos de los cadáveres habían sido incinerados para no dejar huella tuvimos que confirmar esa historia”.

En nuestro país existió un campo de exterminio: una versión criolla de los “lager” nazis. En ese cuartel Los Cabitos, los soldados aprendían a torturar, a enterrar a los supuestos terrucos hasta la cabeza y amenazarlos, a introducirles clavos en las orejas, a violar a las mujeres y niñas, a colgar a los sospechosos de los antebrazos (Jaime Urrutia lo puede atestiguar), a “tinearlos” y realizar otros tipos de torturas.

Cuando Wilfredo Mori decide incinerar los cadáveres en  1985, al parecer había ya más de 500 enterrados. En el 2005 cuando se empezaron a realizar las exhumaciones, el general Clemente Noel negó la existencia del horno y de los cadáveres. “Serán de carneros”, dijo.  En el 2011 el Instituto de Medicina Legal pudo ubicar restos óseos de hombres, mujeres y ¡¡niños!!, incluso con sus prendas de vestir, muchos de ellos con orificios de bala en la parte posterior del cráneo, un total de 109 personas. Pero además se encontró el horno, los tubos galvanizados, los conductos del gas y restos óseos quemados junto con cauchos y ladrillos. ¿Cuántos cadáveres habrán desaparecido de esa manera?

Hoy podemos decir con absoluta certeza, gracias a las investigaciones de fiscales valientes como Carmen Luz Ibáñez y al proceso que se está desarrollando en la Sala Penal Nacional, que el Cuartel Los Cabitos fue un centro de clandestino de reclusión, torturas, violaciones sexuales, ejecuciones extrajudiciales y desaparición forzada de personas. Uno de los que desaparecieron en él fue Arquímedes Ascarza Mendoza, hijo de “mama Angélica”, la fundadora de ANFASEP. El hijo le envió a la madre una nota, desde adentro del cuartel, en la que le pedía que le busque abogado. Nunca más se supo nada de él. El testimonio de una mujer, designada como OKZ en el proceso Cabitos 83, narró que fue violada por su torturador “Me bajó mi buzo, todo me sacó, se bajó su pantalón, me sentó en su escritorio… abusó de mí […] Cuando a una niña de 10 años la violan de [esa] manera, cómo cree que puede sentir una niña, no he tenido una infancia feliz”.

Hoy en Ayacucho la población exige que ese centro de exterminio se convierta en el Santuario de La Hoyada. Por eso el Gobierno Regional y la Municipalidad, junto con el Minjus y el Ministerio de Agricultura, están haciendo los trámites correspondientes. Pero un sector se opone: el Ministerio de Defensa. No quieren un santuario, ni un espacio de memoria, ni nada que haga recordar esos crímenes. A diferencia de Alemania, que tanto ha luchado por inculcar una cultura de paz luego del exterminio nazi, en el Perú solo queremos olvidar. Cuidado: el que olvida su historia está condenado a repetirla, ¿o no, ministro Cateriano?

Publicado en el diario La República, martes 18/03/2014

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