La difamación como análisis político

Publicado el 07 abril 2015 por en blog, Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

Ayer en ‘Buenos Días Perú’ el supuesto analista pero en realidad ujier de algunas empresas extractivas venidas a menos, Miguel Santillana, ha salido con pizarra en ristre para difamar a diestra y siniestra y, nuevamente, señalar que la institución que dirijo es “antiminera” e insinuar que defendemos a “etnocaceristas, Movadef, remanentes del MRTA y militantes de Tierra y Libertad” (como si todo fuera lo mismo) y que el PJ liberó a Oscar Mollohuanca no por su inocencia sino por ser “buena gente”.

No es la primera vez que lo hace, seguramente no será la última. Incluso él mismo ha venido al local de nuestra institución en abril del 2014, donde se le abrieron las puertas como a cualquier persona, para boicotear una conferencia de prensa. Durante todo el año pasado se ha presentado en el programa de Jaime de Althaus para sostener, entre otras cosas, que la CNDDHH forma parte de un complot contra el desarrollo financiado por una red internacional que tiene, entre otras promotoras, a MISEREOR, financiera ¡de la iglesia alemana! En esa ocasión sostuvo que Marco Arana era el “gran titiritero” de todas estas conexiones, pero ahora sustenta enfático que es un “fantoche” manejado por Marisa Glave, Carlos Monge y Pedro Francke. En una conferencia del 27 de mayo del 2013 preparada por Santillana para COMEX en el Swiss Hotel titulada “¿Por qué y quiénes se oponen a la inversión en el Perú?”, sostuvo que la CNDDHH es una de ellas, pero consigna a Ronald Gamarra como su SE cuando yo misma dirijo la institución desde el 2011.

Escribo estas líneas porque la infamia y la mentira no pueden tolerarse. Me siento también indignada ante la delectación de Jaime Chincha frente a cada una de las palabras que expectora Santillana, asintiendo ante cada descalificación y adjetivación, o acotando frases célebres como “los aparatos de inteligencia deberían servir para esto [perseguirlos]”. Claro que nos ha buscado la DINI, nos ha reglado la DINI, nos tiene chuponeados la DINI, pero la información que maneja Santillana responde, en realidad, a los trolles y espías de las empresas de inteligencia privada: por eso se equivoca de manera torpe cuando, por ejemplo, sostiene que Front Line es una “ONG que sale de la Vicaría de Sicuani” cuando es una institución internacional.

Su información es inexacta pero, además, despreciable: utiliza el viejo método goebbelsiano e informa con medias mentiras para que parezcan verdades enteras. Así no sólo acusa a la CNDDHH sino que busca vincular a muchos de nuestros asociados, como Jaime Borda o Ruth Luque (de DHSF) o nuestros aliados institucionales como Javier Jhancke (Red Muqui), con el Movadef y hasta con ¡los carteles mexicanos de la droga! Ergo, si el vocero de la Southern sostuvo que quienes protestamos somos “terroristas antimineros”, este bedel de bajo presupuesto, lo pretende confirmar con mapas malhechos e ir más allá.

Mi colega Gustavo Faverón ha dicho que en realidad uno no debería contestarle porque “Responderle a ese pata, malagua amoral y oligofrénica, el penoso Miguel Santillana, columnista necrocéfalo […] sí sería como responderle al cadáver en un velorio. Es una nulidad. De día escribe los artículos que le dictan sus amos mineros. De noche le amarran una pita y lo emplean como yoyo en demostraciones del perrito, el muertito, la vuelta al mundo, el tirabuzón y la bicicleta. De madrugada lo riegan y al despuntar la mañana escribe sus ideas con saliva sobre una servilleta…”.

No hay que agregar otro adjetivo. Quizás, ocuparse del venal “analista” vale la pena solo para visibilizar la mendacidad como supuesta forma de análisis político. Creíamos que los tiempos de usar los medios para difamar opositores se habían terminado cuando la ciudadanía plena canceló el fatídico 5 de abril recuperando la democracia, pero no, todavía hay bacterias que sobreviven.

Publicado en Kolumna Okupa del diario La República, martes 07/04/2015

 

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