Yaocihuatl

Publicado el 30 junio 2015 por en blog, Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

“Mientras los hombres hablan de fútbol y de política nosotros estamos hablando de la defensa de la vida”, es lo que sostiene una activista indígena de Honduras, en el centro del taller en el que nos hemos concentrado, justo el día que Perú juega con Chile. Yo me encuentro en un dilema. El fútbol debiera convocarnos con su pasión y su alegría, aunque a veces funciona como espectáculo de distracción ante los problemas profundos y hasta evidentes. Pero acá estamos en este encuentro de mujeres defensoras de derechos que vienen de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Panamá, Bolivia, Costa Rica, Argentina, España, Perú y México, el país anfitrión, con sus jóvenes indígenas empoderadas y profesionales que llegan de Guerrero y Oaxaca.

¿Qué implica plantear, desde la cultura de las mujeres latinoamericanas, resistencias y liderazgos para disentir con una propuesta propia de lo que aquí, en este encuentro, se denomina el capitalismo extractivista, colonialista y patriarcal? Nosotras las mujeres sufrimos en nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestros hijos, la arremetida de una ideología única, con la cual casi se nos prohíbe estar en desacuerdo, que enarbola la bandera de un desarrollo enfocado en la entrega del territorio a las grandes empresas (megaminería, hidrocarburos, hidroeléctricas, Monsanto) sin respeto ni a los pueblos originarios que viven en él ni a las otras alternativas. El solo hecho de levantar nuestra voz o publicar nuestras ideas nos estigmatiza y son muchos quienes ridiculizan, sin tocar el fondo del tema, los otros-desarrollos que proponemos. Como si pensar en otro mundo posible fuera una actividad delictiva.

Las mujeres que hemos venido a este encuentro vamos a conversar y a intercambiar experiencias sobre la violencia con la cual las empresas extractivas imponen su orden desde México hasta la Patagonia. Una compañera de Panamá me cuenta que su hija de 5 años casi muere por el impacto de un cartucho de gas pimienta que cayó en su casa; otra mexicana confiesa la agresión de un guardia de seguridad que casi la mata; una tercera garifuna de la zona caribeña de Honduras nos comenta de un sospechoso accidente de tránsito que tuvo hace apenas 10 días. Hemos venido a transmitir conocimiento, a discutir, a llorar si es necesario. Un encuentro de mujeres así siempre termina fortaleciéndonos.

Uno de los ejes de dominación que se propone a AWID, la institución organizadora, para ser discutido con fuerza es el racismo y “no solo la discriminación, quienes vivimos nuestros cuerpos lo sabemos”. Es cierto: la mujer indígena es doblemente subalternizada. “Necesitamos nuevas epistemologías” exige otra guatemalteca ante el desconcierto de lo que este vocablo convoca. En este encuentro se cuestiona hasta el concepto “derechos humanos” pues como dice una dirigente quiché, no solo defendemos a los hombres y mujeres, sino también al agua, a la montaña, a los bosques, al medio ambiente, a lo que los indígenas nauas en su nahuatl llaman “ba”, es decir, “todo lo que es”.

Y sin embargo, en esa resistencia, son múltiples los problemas que involucran específicamente a las mujeres incluyendo la negación de muchos líderes varones a reconocer su valía y su liderazgo. O la exclusión en los procesos de diálogo. O el cuestionamiento de sus maridos ante el “descuido” de sus roles tradicionales cuando participan con fuerza de movilizaciones. O ser mal vistas por su propia comunidad por ser visibles y fuertes y hablar en voz alta. Por ser “yaocihuatl”, es decir, mujeres guerreras.

“El miedo camina con nosotras” nos confiesa una dirigente salvadoreña, madre de cinco hijos, de la Asociación de Lucha contra la Minería de Metales, “porque me da miedo no que me maten a mí sino a los que quiero”.  Ese es el reto: con el miedo a un lado, acechando, seguir en el camino.

Publicado en La República, martes 30/06/2015

 

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