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Por Rocío Silva Santisteban

Ahora Telmo Hurtado se amarra en una cola su ralo cabello de hombre sesentón y se sienta a la sombra de una pared en el patio de prevención del Penal de Piedras Gordas junto a una mujer joven. Lo he visto por una ventana enrejada cuando he ido a realizar una visita oficial. “Ese es Telmo Hurtado”, me comentaron. Uno podría pensar que el hombre está destruido. ¿Cómo seguir viviendo si es que ha tomado conciencia de que mató a niños, mujeres embarazadas, bebitos, ancianos y ancianas? Como los nazis de los “lager” Hurtado se refugia en que cumplió las órdenes que le dio su comando. El mal banal. Han pasado años de la matanza perpetrada por dos patrullas militares en el pueblo de Accomarca y las sombras de todos esos fantasmas deben perseguirlo. Como debería perseguir la justicia de nuestro país a todos aquellos, subversivos y militares, yanaumas y “terrucos”, que masacraron a inocentes con la deleznable justificación de la lucha subversiva o contrasubversiva.

El viernes se cumplirán treinta años desde que esa mañana de agosto aproximadamente 80 soldados en cuatro patrullas, a la orden del subteniente Telmo Hurtado (Lince 7) y del teniente Juan Rivera Rondón (Lince 6), llegaron a Llocllapampa, a tres kilómetros de Accomarca, y reunieron a los 69 pobladores en la plaza. Separaron a hombres, mujeres y niños para dirigirlos a la “casa Gamboa” que incendiaron con granadas, a pesar de las súplicas de los comuneros. Los miembros del EP hasta el 13 de setiembre iban y regresaban para torturar y asesinar a los sobrevivientes. ¿Qué puede justificar tremenda perversión?

Hurtado justificó la matanza de niños diciendo que “estaban adoctrinados” según un informe de la comisión del Senado, presidida por Valle Riestra, que entrevistó al subteniente en el Cuartel Los Cabitos: “Según mi decisión que yo he tomado, yo la considero correcta (la masacre). Según el punto de vista de ustedes y lo que están pensando (…) lo van a tomar de otra manera […] (a los niños) los comienzan a adoctrinar desde los dos años, tres años, llevando cosas (…) poco a poco, a fuerza de engaños, de castigos, van ganándolos a su causa”.

Hurtado fue sometido a diversos procesos en el fuero militar, se le “absolvió” del cargo de homicidio y gracias a las leyes de amnistía fujimoristas permaneció en el EP hasta 1999 como Mayor y jefe de la zona militar de San Ignacio, Cajamarca, y posteriormente cuando estas normas se derogaron, fugó a Estados Unidos, de donde fue extraditado. Hoy finalmente se encuentra en la cárcel pero todos los demás oficiales al mando siguen impunes, cuando varios soldados, incluso levados, han pagado sus deudas. ¿El racismo también es una intersección para que unos sean sentenciados y otros terminen su carrera como jubilados falseando su inocencia?

Rivera Rondón, el jefe de la compañía Lince 6, no justifica su accionar sino algo peor, culpa a la fiscalía “el Ministerio Público es una de las instituciones más atrasadas en un país subdesarrollado como el Perú”. ¿Y él fue “progresista” cuando asesinó a 38 personas quemándolas vivas ese miserable día que debe avergonzarnos a todos los peruanos?
Ha sido recién en julio de este año que el Fiscal Landa ha podido presentar su alegato oral en un juicio que comenzó en el año 2010 y aún sigue con todos los oficiales implicados, incluso el General de Brigada Wilfredo Mori y el héroe nacional General José Daniel Williams Zapata, con comparecencia. Este es el único caso en el que participa en el juicio toda la línea de mando. Con las pruebas presentadas, documentos y oficios militares, se está acreditando con solvencia la acusación fiscal. No, esta masacre no fue una locura de Hurtado sino una planificación militar para “destruir delincuentes subversivos”, incluso a los que tenían dos años de edad.

Publicado en La República, martes 11/08/2015

 

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