Las fotos de Hugo Bustíos

Publicado el 24 noviembre 2015 por en Noticias, Opinión

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Por Rocío Silva Santisteban

El día de hoy se cumple un año más del asesinato del periodista ayacuchano Hugo Bustíos y en homenaje a su trabajo se está realizando una exposición de sus fotos en la iglesia de La Recoleta de la Plaza Francia en el centro de Lima. Se trata de un esfuerzo en conjunto entre la familia de Bustíos, COMISEDH (quienes llevan el caso de Bustíos) y la revista Caretas para poder dar a conocer el trabajo del hombre de prensa que murió, precisamente, por querer informar a la ciudadanía desde el lugar de los hechos con veracidad y profesionalismo tan difíciles de encontrar hoy en nuestro país. Fue asesinado por la insania de ocultar la verdad.

Es imposible no dejar de mencionar el periodismo de alta calidad, tanto desde los sectores más conservadores como de los diarios de izquierda, que se realizaba en los años 80 en el Perú. No solo murieron muchos periodistas en búsqueda de la noticia, asesinados por comandos del Ejército o por terroristas, sino que la propia labor de la prensa, y me consta, estaba llena de riesgos en que se exponía permanentemente la vida.

Recuerdo que Canal 9 en el año 86 usó una foto de mi hermano Ricardo, a la sazón camarógrafo de las zonas durísimas del conflicto, en pleno apagón en el centro de Lima, detrás de un carro donde cinco periodistas se escondían en cuclillas, y él parado, sin dejar de grabar, con la casaca y las siglas de ATV en la espalda, se mantenía impasible con el miedo como combustible de su labor. Como periodistas eso era lo que vivíamos día a día: saber que la familia estaba en riesgo permanente, no solo en los asolados caminos de Ayacucho, sino también en pleno centro de Lima, porque cuando sonaban las bombas los periodistas no corrían sino que se acercaban con su cámara y sus libretas de apuntes, ahí donde se podía aún oler la pólvora.

El propio diario El Comercio o los corresponsales de Expreso, así como los diversos consejos regionales del diario Correo durante esos duros años, tanto como los diarios más progresistas, desde el Diario de Marka en el breve lapso previo a la dirección de Carlos Angulo, así como los corresponsales de El Observador o La República, y por supuesto las revistas Oiga, Sí, Gente pero sobre todo Caretas, que en esos años verdaderamente se la jugaron con la vida por reportear tanto los crímenes de Sendero Luminoso como de las fuerzas del orden, tuvieron un rol preponderante en difundir información para los alejados limeños. Es completamente falso que los capitalinos no supiéramos lo que pasaba sino hasta la bomba de Tarata en 1992: las carátulas de numerosos diarios y revistas nos informaron desde un primer momento sobre lo atroz desde Huancavelica o las alturas de Huanta.

Precisamente las fotos de Bustíos nos muestran esta realidad que, según dicen hoy, no conmocionó a los capitalinos: decenas de cadáveres masacrados por los infantes de Marina en Pucayaccu; fotos de cuerpos apergaminados en fosas comunes o en repliegues de acequias; muñecos de paja con amenazas; asnos-bomba camuflados de alfalfa usados por los terroristas para matar campesinos y animales con crueldad; cadáveres mutilados de NN entre pastizales o tirados a la vera de los caminos; cuerpos inertes e hinchados de niños que los senderistas tiraban a los barrancos; el cadáver de Miguel Reulfo Peralta en una calle de Huanta hundido en un charco largo de sangre; helicópteros bordeando los caseríos; las frías lozas de la morgue de Ayacucho a reventar de cuerpos con rigor mortis; los ojos fijos y vacíos de los huérfanos del terror. Son las imágenes de la muerte que Hugo Bustíos nos legó para indignarnos.

Publicado en La República, martes 24/11/2015

 

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