
La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos se dirige a la ciudadanía en un momento decisivo para el país.
Llegamos a estas elecciones en un contexto de grave deterioro democrático. La concentración de poder en el Congreso, el debilitamiento de los contrapesos institucionales y la aprobación de normas que favorecen la impunidad han erosionado la institucionalidad y afectado directamente los derechos de la ciudadanía. No se trata de una elección más: está en juego el rumbo democrático del país y la posibilidad de recuperar un Estado al servicio de las personas.
En este escenario, se han normalizado prácticas que degradan el debate público y debilitan la convivencia democrática. La difamación sin pruebas, el “terruqueo”, el racismo y la estigmatización se han convertido en herramientas políticas, muchas veces acompañadas de amenazas contra autoridades electorales.
A ello se suma la insistencia en instalar narrativas de fraude sin evidencia, que buscan deslegitimar el proceso electoral y erosionar la confianza en la voluntad popular. Una democracia no puede sostenerse sobre la mentira ni el miedo.
Existen además condiciones que generan incertidumbre sobre el desarrollo del proceso electoral, como la complejidad del sistema de votación, la fragmentación política y el riesgo de un alto número de votos viciados, lo que podría afectar la representación y abrir espacio a cuestionamientos indebidos de los resultados. En este contexto, resulta fundamental garantizar la transparencia del proceso y el respeto irrestricto a la voluntad popular.
Ante ello, el rol de la ciudadanía es determinante. Recuperar la democracia exige asumir el voto como una herramienta de poder real.
Exhortamos a rechazar la desinformación, los discursos de odio y cualquier intento de manipulación del proceso electoral. No hay espacio para la indiferencia: el ausentismo, el voto en blanco o viciado terminan favoreciendo a quienes buscan sostener la impunidad y el debilitamiento de la democracia.
Las y los jóvenes tienen un papel decisivo en este proceso. Más de 6 millones de votantes jóvenes participarán en estas elecciones, y más de 2.5 millones lo harán por primera vez. Su voto no solo es significativo en número, sino también en su capacidad de definir el resultado. En un contexto de desconfianza, su participación informada y consciente es clave para defender la democracia y abrir la posibilidad de un país más justo, con oportunidades y derechos para todas y todos.
El 12 de abril no solo elegimos autoridades. Elegimos el tipo de país que queremos ser.
La democracia no se delega: se ejerce.
Recuperarla está en nuestras manos.
Lima 10 de abril de 2026